2018/10/23

Eneagrama. Personajes ilustres: 3: Vanidad, autoengaño

3 Conservacion: Seguridad

Hitz-kakoa SEGURTASUNA. Kontrol handia dago jarrita ondo egitean. Autoengainua alderdi emozionalean. Oso langileak dira eta ezin dira kontaktuan egon hustasunarekin. Egiten dakien baino maila efizienteagoan daki saltzen bere burua. Segurtasuna saltzen du. Edukitzeko segurtasuna. Gauzak ondo egiteko segurtasuna. Zailtasunak ditu delegatzeko ardurak.

Pearl S. Buck 





  

Hija de un misionero fanático y de una mujer que vio morir a cuatro hijos a causa de la disentería, el cólera o la malaria, Pearl S. Buck llegó a China con sus padres a los tres meses y allí permaneció con algunas interrupciones hasta pasados los 40. Ese tiempo sirvió para alimentar su literatura y para mostrar a Occidente y sin exotismos la dureza real de la vida rural en el país. Su principal valor fue retratar a los chinos como un pueblo igual a cualquier otro y demostrar un respeto absoluto, por su cultura milenaria. Se ha dicho también que ella fue quizá el más importante puente cultural entre Estados Unidos y China, muchos años antes de que Richard Nixon bajara del avión en Pekín en 1972. Por cierto, como La buena tierra estaba prohibida en China, el gobierno de Mao no permitió que Buck formara parte del séquito del presidente .
Pearl S. Buck se crió en Chinkiang, ciudad del suroeste de China a fines de un siglo XIX que en realidad más parecía la Edad Media. Pearl, entonces con su apellido de soltera Sydenstricker -que conservó en la S. de su nombre, pelo rubio y ojos azules, no tuvo a su alrededor a ningún occidental fuera de su familia y hablaba indistintamente inglés y mandarín -idioma en el que, aseguraba, seguía pensando en su madurez- hasta el punto de que los chinos que no la conocían huían despavoridos cuando se daban cuenta de que comprendían a aquel pequeño diablo extranjero.
En 1910 se matriculó en la Universidad en Virginia, donde, recién salida de un voluntariado para educar a las prostitutas, no acabó de encajar en aquel ambiente elitista. Se casó con John Lossing Buck, economista agrícola con el que regresó a la China más profunda. El mayor de los problemas de la pareja fue la discapacidad psíquica de su única hija biológica. Buck llegó a adoptar hasta siete hijos más, los dos últimos mulatos, y en cierta manera fue pionera de las hoy habituales adopciones internacionales, abogando especialmente por los niños mestizos, muy habituales por el efecto colateral de la guerra y con muchos más problemas para ser acogidos entonces por las familias blancas.
Los años americanos de la autora, a partir de 1932, fueron más felices, pero también más insustanciales. Volvió a casarse. Esta vez con su editor. Hizo crecer su familia, recibió el criticado Nobel, primera mujer Novel de Literatuta, y contestaba puntualmente las cartas de sus fieles lectores. Todo perfecto si no fuera porque, ya viuda en sus últimos años, que su hijo denomina como «caóticos», se dejó seducir por Ted Harris, un poco escrupuloso profesor de baile, que se ganó la confianza de la octogenaria, se convirtió en presidente de la Fundación Pearl S. Buck y logró dejar limpiamente a sus herederos fuera de la herencia y a ella prácticamente en la ruina.    

                                 

3 sexual: Sex-appeal

Intimitatea sortzen dute. Emozionalena da. Ahalegin guztia bikotearengan ipinita dago. Bakarkako intimitatea. Ez dira horren zurrunak. Bikotearen begiradaren mendekotasuna dauka. Gogamen egituratua dute. Ez dira horren ordenatuak. Badaki zein den bestearen beharrizana baina ez daki zein den berarena. 



                                    Joseph Campbell (Nueva York, 1904 - Honolulú, 1987) fue, junto a Mircea Eliade, el mitólogo más importante de la segunda mitad del siglo XX.
   Campbell fue un apasionado amante de la cultura occidental que se abrió por completo a la sabiduría del Oriente y supo siempre mantener un gozoso equilibrio para aplicar en su vida lo mejor de los dos mundos. Nacido en una familia católica, fue educado en la religión cristiana, pero la fascinación mayor de su infancia la ejercieron las leyendas de los indios de Norteamérica. En muchas oportunidades comentó el fuerte impacto que le produjo la visita al Museo de Historia Natural de Nueva York, en donde el espíritu de la tradición indígena penetró en su alma al observar los objetos sagrados de la cultura sioux.
   Años más tarde conoció la célebre figura de Black Elk (Alce Negro), el chamán sioux que incluía en sus prácticas tribales la enseñanza cristiana, y pudo comprender lo acertado de la intuición original de su infancia. Y, efectivamente, desde este sincretismo inicial mantuvo a lo largo de toda su vida la capacidad de percibir desprejuicadamente lo sagrado en todas sus manifestaciones.
   Joseph Campbell empezó su carrera académica viajando a la India para estudiar sánscrito -como Mircea Eliade-, para luego trasladarse a Europa y profundizar en el conocimiento del ciclo artúrico. De vuelta a los EE.UU. tomó cierta distancia del mundo académico para emprender una carrera independiente en el ámbito del estudio de la mitología, interesándose también, entre otros temas, en la obra del psiquiatra suizo C.G. Jung.
   Aun que posteriormente volvió a la universidad, esta vez como profesor, Campbell es mundialmente conocido por sus trabajos sobre el mundo de los mitos, la religión, la espiritualidad. En EE.UU. llegó a ser especialmente popular debido a un ciclo de conferencias y entrevistas en las que permitió participar al gran público del amplio conocimiento que había adquirido sobre los temas relacionados con las religiones y las mitologías.

                                                        Heloisa

Eloísa (1101-1164).Perteneciente a un linaje de la alta nobleza, Eloísa fue educada en el monasterio de Argenteuil, a las afueras de París, en el que recibían su primera instrucción las hijas de la aristocracia. De allí salió hacia 1115 y pasó a vivir en casa de su tío, el canónigo Fulberto, hombre de gran influencia en París.

El encuentro con Pedro Abelardo
Eloísa destacó por un deseo de aprendizaje que se consideraba excepcional en una mujer y pronto se extendió la fama de su sabiduría. Fulberto, deseando que su sobrina recibiera una buena educación, llamó a Pedro Abelardo (1079-1142), el más famoso maestro de la universidad parisina en aquel momento. Abelardo se ocupó de la instrucción de Eloísa en la filosofía y las artes liberales. Durante su estancia en la casa de Fulberto surgió una relación amorosa entre maestro y alumna. Ambos amantes eran conocidos en París por su excepcional sabiduría y no guardaron la necesaria discreción que una relación ilícita según la moral religiosa de la época, requería. Al conocer la situación, Fulberto expulsó a Abelardo de su casa y mantuvo separados a los amantes. Pero Eloísa estaba ya encinta. Para evitar un escándalo mayor del que había producido la noticia de sus amoríos, Abelardo, que al parecer no deseaba contraer matrimonio, raptó a Eloísa, llevándola a casa de su hermana en Bretaña. Allí dio a luz Eloísa un niño al que llamó Pedro Astrolabio. Enterado Fulberto, parece que quiso matar a Abelardo, pero éste consiguió que aceptara el perdón que le rogaba y su oferta de desposar a Eloísa, si bien exigió que la boda se realizara en secreto. Eloísa, sin embargo, rehusó el matrimonio, haciendo gala de una inusitada independencia. Acabó accediendo por no perturbar más a su amado y la boda tuvo lugar clandestinamente, según el deseo de Abelardo, quien no quería ver truncada su brillante carrera como maestro universitario. La familia de Eloísa, sin embargo, difundió por París la noticia del matrimonio con el fin de reparar el honor de la joven. Abelardo condujo entonces a su esposa al monasterio de Argenteuil. La misma Eloísa desmintió su casamiento y quiso que su permanencia en la abadía pasara inadvertida. Esto fue interpretado por la familia de la joven como un repudio deshonroso y Fulberto tramó su venganza: un grupo de sicarios castró a Abelardo brutalmente por orden del canónigo. A pesar de que este castigo estaba legitimado por el derecho consuetudinario, la acción de Fulberto fue reprobada por la sociedad parisiense, tanto por la Iglesia como por los miembros de la Universidad, debido a la posición social y la fama de Abelardo. Éste buscó refugio en la abadía parisina de Saint-Denis, donde tomó los hábitos y obligó a Eloísa a seguir su ejemplo contra su voluntad.

La vida en la abadía de Argenteuil
Eloísa era priora del monasterio de Argenteuil, cuando éste pasó a la jurisdicción de Suger, abad de Saint-Denis, en 1129. Suger, alegando la relajación de costumbres que reinaba en el monasterio y la conducta pecaminosa de sus monjas, decidió expulsarlas de la institución. Ante la posibilidad inminente de ver dispersada la comunidad femenina, Eloísa recurrió a Abelardo, que se encontraba en la región de Champagne, en un pequeño monasterio fundado por él. Eloísa y sus hermanas se instalaron en el monasterio, convirtiéndose así en un monasterio dúplice que acogía a monjes y a monjas bajo la autoridad suprema de una abadesa, dignidad que Eloísa ocupó desde su llegada hasta su muerte. Eloísa consiguió como abadesa gran fama por su piedad y sabiduría. La convivencia de los antiguos amantes en el Paracleto levantó sospechas y maledicencias. Roscelino, rival y antiguo maestro de Abelardo en Touraine, acusó a éste de mantener relaciones vergonzantes con la abadesa. Fue en parte como defensa a estos ataques por lo que Abelardo escribió su obra más famosa, la Historia de mis desgracias (Historia calamitatum), por la que conocemos los sucesos de la vida de Eloísa junto a Abelardo. A pesar de las injurias vertidas sobre Abelardo por sus numerosos enemigos, parece que su relación con Eloísa se mantuvo en el terreno puramente intelectual y piadoso durante aquellos años en el Paracleto, si bien, como manifestó Eloísa en sus cartas, el reencuentro con él tras diez años de separación forzosa había supuesto un enorme consuelo para ella.

La obra literaria de Eloísa
Abelardo acabó retirándose a la remota abadía de Saint-Gildas-en-Rhys (Bretaña), lo que supuso su separación definitiva de Eloísa, quien permaneció en el Paracleto. De la época posterior a su despedida, a principios de la década de 1130, datan las tres famosas cartas que Eloísa escribió a Abelardo. Las dos primeras son obras maestras de la literatura epistolar, y en ellas Eloísa demostró sus amplios conocimientos literarios y su maestría en el empleo de los recursos formales que la retórica epistolar ponía a su alcance para expresar su experiencia en forma desgarradora. Eloísa mostraba en ellas su resentimiento hacia los acontecimientos que habían truncado trágicamente su experiencia amorosa, que recordaba como el único espacio de libertad al que había tenido acceso. Su íntima rebelión se expresó asimismo en la obstinación con la que declaró en su correspondencia que su entrega a la vida religiosa no había sido una elección sino una imposición del propio Abelardo. A pesar de que los monasterios femeninos eran lugares donde la libertad y la independencia de las mujeres podían expresarse en términos originales, Eloísa se mostró irreverentemente apegada, hasta el final de su vida, al recuerdo de los goces corporales que le habían sido arrancados. Las respuestas de Abelardo a las encendidas cartas de Eloísa fueron evasivas, recomendándola que olvidara el pasado para encomendarse a Dios. La tercera carta de Eloísa fue una última obediencia a los deseos de Abelardo. En ella, Eloísa se transfiguró en abadesa para preguntar a Abelardo sobre el origen y la finalidad del monacato femenino y pedirle la redacción de una regla pensada para su comunidad, ya que comprendía la inadaptación de las ya existentes a la vida de las mujeres que entraban en religión.
Como mujer del siglo XII, Eloísa estuvo sujeta a las rígidas codificaciones de la femineidad, por lo que a muchos autores ha sorprendido su independencia de juicio y la fuerza con que expresó una experiencia que se rebelaba contra dichas codificaciones. La fuerza expresiva de estas cartas fue apreciada posteriormente por muchos autores como Jean de Meung o Petrarca, y Eloísa se convirtió en los siglos modernos en la heroína romántica de una tragedia amorosa. Más allá de esta visión estereotipada, el epistolario de Eloísa puede contemplarse como la expresión vigorosa de la extrañeza de su ser mujer hacia las codificaciones patriarcales del sentir femenino. Eloísa sobrevivió veinte años a Abelardo, y murió como abadesa del Paracleto en 1164.

3 social: prestigio

Hitza kakoa PRESTIGIOA. Status soziala irrikatzen dute, baina lan askorik egiteke. Nola edo hala agertu. Aitortza soziala eta ipini besteak lan egiten. Arrakasta, dirua eta prestigioa. Harreman askotako pertsonak, garrantzitsuagoa da aitortza bikotea baino. 


                                                 J.F.Kennedy

Era un hombre muy enfermo. Le dieron 4 veces la extrema unción. Llevaba un corsee que le impedía agacharse. De hecho dicen que murió en el atentado porque el corsee le impidió agacharse.

 Teresa de Avila



Teresaren aita kristautasunera bihurtutako judua zen, eta harreman berezia izan zuen bere alabarekin. Teresak Zaldunen historiak atsegin zituen txikitatik, baina bere aitaren ustez horiek ez ziren neskatila batentzako ikasbide egokiak, eta ohitura hori ezabatzeko Avilako Santa Mariaren komentuan sartu zuen. Bertan hainbat gainezkaldi edo estasi izan zituen, bere otoitz bizitza sakondu zuen horrela.
Emakume dotorea, garaia eta ausarta zen. Teresa bere edertasunaz arro sentitzen zen, eta bizirik egindako erretratu bakarra ikusi zuenean, pintoreari, Fray Juan de la Miseriari, errieta egin zion itsusia erretratatu zuelako. Gaztetan, bere lehengusuarekin harremanen bat izan zuen.  Baina bere aitak eta ahizpak ez zuten ausardia hori begi onekin ikusten, eta mugatu zuten bere gaztaroa, lagun ez egokiekin ibiltzen omen  zen eta. Gero ere edertasun fisikoa mantendu zuen, eta xarma honek, gehi bere gaitasuna egoetara egokitzeko, harreman pertsonaletan arrakasta handia emango zioten.  Garai honetako emakumeentzat ezinezkoak ziren kontaktu, bidaiak eta hainbat helburu lortuko zituen, besteak beste,  karmeldar oinutsen ordenari hasiera eman, sasoiko moja arropa desberdinak jantzi, eta hamazazpi  komentu zabaltzea lortuko zuen.
Inkisizioa eta zentsuratzaileen jazarpena izan zuen, bere liburua bahitua izan zen, eta testu batzuk ezabatuak, esate baterako hau:
«¿No vasta, Señor, que nos tiene el mundo acorraladas, que no hagamos cosa que valga nada por Vos en público ni osemos hablar algunas verdades que lloramos en secreto? No lo creo yo, Señor, de vuestra bondad y justicia, que sois justo juez, y no como los jueces del mundo, que, como son hijos de Adán, y en fin todos varones, no hay virtud de mujer que no tengan por sospechosa»
Maitasuna bere idatzietako gai mamitsua izango da, gai honek ere inkisidore eta zentsuratzailearen artean arazoak sortu arren:
«Lo importante es amarse, aunque sea con un amor imperfecto»
«El amor, si de veras es amor, es imposible esconderse»
“...al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios...”
Laburbilduz, emakume hau, erakargarria, ausarta eta , aldi berean, praktikoa zen. Santa Teresa Avilakoa eredu honetako adibide esanguratsua da, are gehiago mende batzuk igaro ondoren bere izaera eta bere idatziak aztertzen baldin baditugu.

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