2021/11/18

Miquel Martí i Pol

Poeta y ensayista catalán nacido en Roda de Ter en 1929. Desde los diecinueve años, -aquejado por una tuberculosis que lo obligó a recluirse en cama durante un año-, se convirtió en lector infatigable, iniciando una brillante carrera poética que lo consagró como el más leído poeta catalán. Su primera publicación, "Palabras al viento" en 1954, fue seguida, entre otras, por "Quince poemas" en 1966, "El pueblo" en 1971, "La fábrica" en 1972, "La piel del violín" y "Amada Marta" en 1979, "Las claras palabras" en 1980 y "Un invierno plácido" en 1994. Fue galardonado con el Premio de la Crítica, el Premio Ciutat de Barcelona (en Poesía y Traducción), el Premio de Honor de las Letras Catalanas en 1991, la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes 1992, la Cruz de Sant Jordi, el Premio Nacional de Literatura 1998 y la Medalla de Oro de la Generalitat de Catalunya en 1999. Fue miembro de la Associació d'Escriptors en Llengua Catalana. Falleció en noviembre de 2003 víctima de una esclerosis múltiple que lo aquejaba desde 1970
Ahora mismo

Ahora mismo enhebro esta aguja
con el hilo de un propósito que no digo
y me pongo a remendar. Ninguno de los prodigios
que anunciaban taumaturgos insignes
se ha cumplido, y los años pasan de prisa.
De nada a poco, y siempre con el viento de cara,
qué largo camino de angustia y de silencios.
Y estamos donde estamos, más vale saberlo y decirlo
y asentar los pies en la tierra y proclamarnos
herederos de un tiempo de dudas y de renuncias
en que los ruidos ahogan las palabras
y con muchos espejos medio enmascaramos la vida.
De nada nos vale la añoranza o la queja,
ni el toque de displicente melancolía
que nos ponemos por jersey o corbata
cuando salimos a la calle. Tenemos a penas
lo que tenemos y basta: el espacio de historia
concreta que nos corresponde, y un minúsculo
territorio para vivirla. Pongámonos
de pie otra vez y que se sienta
la voz de todos solemne y claramente.
Gritemos quién somos y que todos lo oigan.
Y al acabar, que cada uno se vista
como buenamente le apetezca, y ¡adelante!
que todo está por hacer y todo es posible.

Si fueses tierra crecería en ti

y daría frutos de una rara dulzura,

sería fiel a los caminos que te surcan la piel

y a los ríos secretos que te atraviesan la entraña.

Si fueras mar pediría prestado el viento

para desvelarte remotísimos ecos.

Si fueras lluvia te recibiría todo desnudo.

Si fueras bosque amaría la sombra.


TODO ES PROPICIO

 

Todo es propicio en tus ojos que me abren

profundas vastedades, todo se me revela

denso como la tarde detrás de las cortinas.

 

No me quiero encontrar solo.

                                        En el centro del silencio

que me envuelve estás tú, y el tacto cálido

de aquellas manos con que recoges la vida

que, esperanzado, a manos llenas te doy.


2021/11/16

YANNIS RITSOS

Poeta, ensayista y político griego nacido en Monemvasiá en 1909,forma parte de la Generación del '30 junto a Yorgos Seferis y Odyseas Elytis. Los grandes traumas sufridos en la niñez debido a la muerte temprana de su madre y de su hermano mayor, a la enfermedad mental de su padre, y a la ruina económica de su familia, marcaron para siempre la obra del poeta. Recuperado de una tuberculosis que lo mantuvo hospitalizado de 1927 a 1931, se afilió al Partido Comunista griego, iniciando su carrera poética a partir de 1934 cuando publicó "Tractor", "Pirámides", y "Epitafio" en 1936, obra que significó un profundo cambio de la poesía griega. Ha sido reconocido junto a Kavafys, Palamas, Seferis y Elytis, como uno de los grandes poetas de su país. De su producción, que incluye más de cien volúmenes de poemas, ensayos y obras de teatro, sobresalen muy especialmente "Grecitat" y "Sonata del claro de luna", con la que obtuvo el Premio Nacional de poesía. En 1971 obtuvo el premio Lenin de la Paz y en 1975 fue propuesto para el Premio Nobel. Por su lucha política fue detenido varias veces durante la Segunda Guerra Mundial, y en 1967 enviado a prisión en Yiaros y Leros por la dictadura Papadopoulos. Falleció en Grecia en el año de 1990

   La desesperación de Penélope

No es que no lo haya reconocido a la luz del hogar; no eran
los harapos del mendigo, el disfraz, -no; signos claros:
la cicatriz en la rodilla, la fortaleza, la astucia en el ojo. Asustada,
apoyando su espalda en el muro, buscaba una excusa,
la demora de un poco más de tiempo para no responder,
para no traicionarse. ¿Entonces era por este por quien había perdido veinte años,
veinte años de espera y de sueños, por este miserable
manchado de sangre con la barba canosa? Se derrumbó silenciosa en una silla,
miró despacio a los pretendientes muertos en el suelo, como si fueran
sus mismos deseos los que veía muertos, y le dijo: «Bienvenido»,
oyendo ajena, lejana, su propia voz. En el rincón, su telar
llenaba el techo de sombras en forma de verja, y todos los pájaros que había bordado
con hilos rojos, brillantes en verdes arboledas, de pronto,
aquella noche del regreso se volvieron de color negro y ceniciento,
volando muy bajo sobre el cielo de su última resignación.

2021/11/15

ANTONIO GALA

Poeta, dramaturgo y novelista español nacido en Brazatortas, Ciudad Real en 1930. Cordobés por adopción, es licenciado en Derecho, Filosofía y Letras y Ciencias Políticas y Económicas. Ha cultivado todos los géneros literarios, incluidos el periodismo, el relato, el ensayo y el guión televisivo. Ha obtenido numerosos premios no sólo por la poesía, sino por su valiosa contribución al Teatro y la Ópera: Calderón de la Barca, Nacional de Literatura, Adonais, Ciudad de Barcelona, Quijote de Oro y Planeta, han sido sus galardones más significativos. De su obra poética se destacan las siguientes publicaciones: «Enemigo íntimo», «Sonetos de La Zubia», «Poemas de amor» y «Testamento Andaluz»

El coloquio de los pajaros

Excusas de los pajaros:

El Ruiseñor está pendiente del amor de la Rosa, de la que no puede alejarse ni una sola noche. Al Loro le bastaría con acercarse a Khizr y beber el agua fresca de su fuente de inmortalidad. El Pavo Real sólo añora el Paraíso originario, y no este nuevo viaje. El Pato es feliz en la superficie límpida del agua, en la que se desliza y lava sus problemas. La Perdiz ama las piedras preciosas, y no puede desprenderse de ellas. El Humayun gobierna a los reyes mediante su sombra, y no le atrae dejar de lado su poderío para buscar al Simurgh. El Halcón se deleita en la compañía de los reyes; para qué apartarse de sus cortes. La Garza vive presa de su melancolía y de la pasión por el mar donde anida. El Búho feliz entre las ruinas, y en la espera de encontrar un tesoro allí, no querría viajar. El Gorrión siente como limitación su propia fragilidad.


Ruiseñor representa el apego al amor humano, 

Pavo real la aspiración de recuperar un sitio perdido,

Pato: contento en el agua

Halcon: ya tiene amo

Perico: esta seguro en la jaula, tiene agua y comida diaria 

Perdiz: el amor a las riquezas 

Búho: sacrifica el futuro en aras del presente.

Gorrion: la debilidad


VALLES

El Primer Valle es la Búsqueda.

El Segundo Valle es el Amor

De fuego se llena el que lo alcanza.

El Tercer Valle es el Conocimiento Místico

el uso perfecto de la mente, cuya energía convierte a la psique en un diamante.

El Cuarto Valle es el Desasimiento

la Libertad, la Voluntad plena

El Quinto Valle es la Unicidad

la morada del anonadamiento y del despojamiento.Los que atraviesen este desierto tienen todos idéntico punto de partida.

El Sexto Valle es la Perplejidad

Dolor y nostalgia serán tu ocupación continua.

El Séptimo Valle es la pobreza y la aniquilación


2021/11/12

CRISTINA PERI ROSSI

 Poeta y novelista uruguaya nacida en Montevideo,en 1941.

Su madre, maestra, la inició en el amor a la literatura y la música, y la instruyó en los ideales feministas de igualdad.Trabajó y estudió hasta licenciarse en Literatura Comparada, cuya enseñanza ha ejercido durante muchos años.  Su primera colección poética constituyó un pequeño escándalo por su erotismo y sus transgresiones sexuales.Tras el golpe militar uruguayo tuvo que exiliarse en Europa desde 1972. Obtuvo la nacionalidad española en 1974.Desde entonces ha publicado varios libros que han gozado del aprecio de la crítica y los lectores: «Evohé» en 1971,«Descripción de un naufragio» en 1974, «Diáspora» en 1976, «Lingüística general» en 1979, «Europa después de la lluvia»en 1987, «Babel bárbara» en 1991, «Otra vez Eros» en 1994,   y «Aquella noche» en 1996.Su obra ha sido traducida a varios idiomas y  galardonada con los más prestigiosos premios literarios, entre los que seencuentra el Premio Internacional de Poesía Rafael Alberti, obtenido en enero de 2003 y el Premio Loewe 2008. Premio Cervantes 2021



No quisiera que lloviera...

No quisiera que lloviera
te lo juro
que lloviera en esta ciudad
sin ti
y escuchar los ruidos del agua
al bajar
y pensar que allí donde estás viviendo
sin mí
llueve sobre la misma ciudad
Quizá tengas el cabello mojado
el teléfono a mano
que no usas
para llamarme
para decirme
esta noche te amo
me inundan los recuerdos de ti
discúlpame,
la literatura me mató
pero te le parecías tanto.

Lo imprescindible

Uno aprende que lo imprescindible
no eran los libros
no eran los discos
no eran los gatos
no eran los paraísos en flor
derramándose en las aceras
ni siquiera la luna grande -blanca-
en las ventanas
no era el mar arribando
su rumia rompedora en el malecón
ni los amigos que ya no se ven
ni las calles de la infancia
ni aquel bar donde hacíamos el amor con la mirada.

Lo imprescindible era otra cosa.



RODOLFO WALSH



1927 Lamarque (Río Negro, Argentina) - 1977 Buenos Aires (Argentina)

Periodista, escritor y traductor argentino. Autor de referencia en la literatura policial argentina con títulos como Variaciones en rojo (1953) y Diez cuentos policiales argentinos (1953), fue también uno de los primeros escritores hispanoamericanos en utilizar técnicas novelísticas para sus reportajes. Entre sus obras de ficción, destacan las colecciones de cuentos Los oficios terrestres (1965) y Un kilo de oro (1967); y entre sus libros de investigación, Operación Masacre (1957), ¿Quién mató a Rosendo? (1965) y el Caso Satanowsky (1973). 

El 29 de septiembre, su hija María Victoria (, murió en un enfrentamiento con el Ejército, un día después de cumplir 26 años. Al verse rodeada y sin posibilidad de escape en la terraza de la casa, ella y Alberto Molina, el último sobreviviente, levantaron los brazos y tras un breve discurso que finalizó con la frase: «Ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir», tanto Alberto como Vicki se dispararon en la sien. En diciembre de ese año Walsh publicó un mensaje ―en el que relata las circunstancias del hecho― llamado Carta a mis amigos.

La carta termina con una reflexión: En el tiempo transcurrido he reflexionado sobre esa muerte. Me he preguntado si mi hija, si todos los que mueren como ella, tenían otro camino. La respuesta brota desde lo más profundo de mi corazón y quiero que mis amigos la conozcan. Vicki pudo elegir otros caminos que eran distintos sin ser deshonrosos, pero el que eligió era el más justo, el más generoso, el más razonado. Su lúcida muerte es una síntesis de su corta, hermosa vida. No vivió para ella, vivió para otros, y esos otros son millones. Su muerte sí, su muerte fue gloriosamente suya, y en ese orgullo me afirmo y soy quien renace de ella.

Su otra hija, Patricia, es una dirigente política argentina que llegó a ser diputada nacional por la coalición Izquierda Unida y desde 2007 se desempeñó como legisladora de la ciudad de Buenos Aires.



Pocas horas después de escribir su célebre Carta abierta de un escritor a la Junta Militar, el 25 de marzo de 1977, pasó a engrosar la lista de desaparecidos durante la dictadura militar argentina.




2021/11/11

MIKLOS RADNOTI

 Nació en Budapest. Su madre murió en el parto, al igual que su hermano mellizo, y su padre les siguió unos años después.circunstancia que lo atormentó a lo largo de su vida. Pasó la mayor parte de sus años de infancia con la familia de su tía.

En 1934, después de graduarse, cambió su nombre a Radnóti. En agosto de 1935 se casa con su amor de toda la vida Fanny (1912-2014), hija del dueño del respetado Gyarmati. imprenta. Lamentablemente, el feliz matrimonio no tuvo hijos hasta su deportación. 

Reclutado para combatir al enemigo ruso, a Radnóti, por su condición de judío, le impidieron cargar un arma y lo obligaron a desactivar artefactos explosivos. Escribía todo el tiempo, sobre todo cartas y poemas de amor a Fanni (Fifi) Gyarmati, su idolatrada esposa. En 1944, el poeta fue enviado a un campo de trabajos forzados en Bor, Serbia. Algunos testigos afirmaron que un militar borracho le propinó una paliza terrible por “estar escribiendo”. Ante la triple amenaza del avance del Ejército rojo, la guerrilla comunista de Tito y la presencia de las fuerzas aliadas, los jefes nazis decidieron evacuar a los presos y enviarlos de vuelta a Hungría –rumbo a Alemania– en una brutal marcha forzada. Muy pocos judíos húngaros, de los 3,200 que emprendieron ese desplazamiento, llegaron con vida. Los enfermos, entre los que se encontraba nuestro poeta, terminaron viajando en un carro tirado por caballos. Dueño de un lápiz inverosímil, Radnóti se aferró día tras día a la escritura. El 9 de noviembre llegaron a Abda, ya en Hungría. Pero el carro retrasaba la marcha y a los caballos se les podía dar un mejor uso. ¿Qué hacer? A los guardas húngaros, después de deliberarlo, no se les ocurrió nada mejor que fusilar ahí mismo, junto a la carretera, a los veintiún enfermos. También ahí mismo los enterraron y se fueron. Radnóti tenía 35 años.

Un año y medio después, tras una búsqueda encabezada por Fanni, descubrieron la fosa común. Como a Shelley, a Radnóti lo identificaron por unos poemas que llevaba en el bolsillo,  redactados en húngaro, inglés, francés, serbio y alemán

NI EZ DAKIT
No puedo saber qué significa para otros este paisaje,
mi patria, este pequeño país abrazado al fuego, 
el mundo de mi niñez que lejana se mece.
Crecí de él, como una tierna rama del tronco de un árbol,
y espero ver mi cuerpo hundirse en él un día.
Estoy aquí, en casa. Y si alguna vez a mis pies se arrodilla
un arbusto, conozco su flor y hasta su nombre,
sé adónde van y quiénes van por el camino,
y sé qué significa en la madrugada del verano
ese dolor rojo que nace en el muro de las casa.
Para el piloto que lo sobrevuela, este paisaje es tan sólo un mapa
y no sabe en qué lugar vivió Mihäly Vörösmarty,
¿qué esconde para él esta región? fábricas y áridos cuarteles.
Yo veo un saltamontes, un buey, la torre, una granja apacible,
pero él ve fábricas con los prismáticos y campos de labranza;
yo veo trabajadores que tiemblan por lo suyo,
temporeros que silban, bosques, viñedos y tumbas,
y entre las tumbas madres que lloran en silencio.
Y lo que desde arriba son raíles y fábricas indemnes que hay que destruir
es el guardagujas y el ferroviario dando la señal
rodeado de niños y con una bandera roja en la manos,
y en el patio de la fábrica se revuelca un perro pastor,
y allí está el parque, la huella de los viejos amores,
y el sabor a miel y arándano de los besos en mi boca,
y aquí la piedra que puse al borde de la acera 
para que el maestro no me preguntara,
la piedra que ahora piso y nadie pude ver desde lo alto,

Es verdad, somos culpables, mas no más que el resto de los pueblos,
y sabemos bien cuándo hemos pecado, dónde y de qué modo,
pero aquí vive gente que trabaja, y poetas sin culpa,
y niños de pecho en los que la razón madura,
la misma que ahora los alumbra y protege en los sótanos oscuros
hasta que el delo de la paz dibuje de nuevo una señal en nuestra tierra
y con su fresca voz responda a las palabras nuestras tan ahogadas.

Cúbrenos ya con tus extensas alas, nube del amanecer.



LUNES AL ATARDECER



La luna se mece en la espuma del cielo.
Aún me sorprende vivir.
Afanosa, en el siglo escudriña la muerte
y aquéllos que la ven qué pálidos se quedan.

En torno suyo gira y aúlla al mismo tiempo,
contempla alrededor y se diluye al cabo.
El otoño se aleja deprisa a mis espaldas,
y el invierno me aturde de tanto dolor.

El bosque sangra y sangra,
la sangre no deja de fluir.
El viento va dejando escritos en la nieve
numeros gigantes que amenazan.


Viví para ver esto y ver aquello.
El aire se abandona pesado sobre mí.
Desde antes de nacer,,
una guerra silenciosa me toma entre sus brazos.

Aquí me detengo, al pie de árbol
que furioso balancea su corona.
Inclina una rama ¿para agarrar mi cuello?
mas yo no soy débil ni siento temor,

tan sólo estoy cansado. Escucho. Y la rama
asustada explora en mi pelo.

Sería mejor olvidar,
mas yo nunca olvido nada.

La espuma se vierte sobre la luna, y el veneno
tiñe el horizonte con el rastro de su oscuro verdor.

Enrollo un cigarrillo
lentamente, cuidadosamente. Vivo.




2021/11/10

GUILLAUME APOLLINAIRE

Poeta, novelista y ensayista francés , nacido en Roma en 1880. Hijo natural del príncipe italiano Francesco Flugi d'Aspermont, quien lo abandonó desde muy pequeño, se trasladó con su madre a Mónaco recibiendo allí la educación primaria. A los diecinueve años se radicó en Paris donde inició una fulgurante carrera literaria. Fue columnista en "Mercure de France" y en 1903 fundó "La revue inmoraliste". Amigo de importantes escritores y pintores de la época, fue gran impulsor del cubismo y el surrealismo, aportando obras célebres como "Caligramas", "Alcoholes" y "Zona" que influyeron notablemente en las generaciones posteriores. Obtuvo la nacionalidad francesa y se alistó como voluntario en la primera guerra mundial. En 1916 fue herido de gravedad, falleciendo dos años más tarde por la gripe española.

La linda pelirroja

Estoy aquí delante de todos un hombre con sentido común
que conoce la vida y de la muerte lo que un hombre puede conocer
probó los dolores y los goces del amor
impuso algunas veces sus ideas
conoce varias lenguas
y no ha viajado poco
vio la guerra en la infantería y la artillería
herido en la cabeza trepanada bajo el cloroformo
perdió sus mejores amigos en la espantosa lucha
sé de lo antiguo y de lo nuevo lo que un hombre solitario
puede saber de esas cosas
y sin inquietarme hoy de esta guerra
entre nosotros y para vosotros amigos míos
juzgo esta larga querella de la tradición y de la invención
del orden y de la aventura

Vosotros con la boca hecha a la imagen de la boca de Dios
boca que es el orden mismo
sed indulgentes al compararnos
con los que fueron la perfección y el orden
nosotros que siempre buscamos la aventura
no somos enemigos
Al queremos daros vastos y extraños dominios
donde el misterio germina para el que quiera cosecharlo
hay fuegos nuevos colores nunca vistos
mil fantasmas imponderables
para darles realidad
y explorar la bondad país enorme y silencioso
hay tiempo para desterrar
y tiempo para el regreso
piedad para nosotros que combatimos siempre en las fronteras
de lo ilimitado y lo porvenir
piedad para nuestros errores piedad para nuestros pecados

He aquí que viene el estío la estación violenta
y mi juventud ha muerto como la primavera
oh sol es el tiempo de la razón ardiente y espero
para seguir la forma noble y dulce
que adopta ella para que pueda amarla
llega y me atrae como al hierro el imán
tiene el aspecto encantador
de una adorable pelirroja

Sus cabellos son de oro se diría
un bello relámpago que nunca acaba
o esas llamas que presumen
en las rosas te marchitas ya

Reíd reíd de mí
hombres de todas partes sobre todo gentes de aquí
porque hay tantas cosas que no me atrevo a decir
tantas cosas que no me dejaríais decir
tened piedad de mí

2021/11/09

 

John Peter Berger

John Peter Berger (Londres, 1926 – París, 2017) fue crítico de arte, pintor y uno de los más notables escritores de su época. Su juventud estuvo marcada por la Segunda Guerra Mundial, en la que participó a lado del ejército británico. Al finalizar la misma, retomó sus estudios de arte y, poco después, empezó a dar clases de dibujo en la misma escuela donde Henry Moore impartía clases de escultura. Berger escribió artículos como crítico de arte en el New Statesman y en el Tribune, bajo la supervisión de George Orwell. Durante este período, trabó vínculos con el partido comunista británico, y, a los treinta años, decidió dedicarse por completo a la escritura en un arrebato de compromiso político ante la inquietante realidad de la Guerra Fría. En 1958 publicó su primera novela, Un pintor de nuestro tiempo, que fue duramente criticada.



Dentro de su extensa obra podemos encontrar novelas, ensayos, poesía, artículos en prensa e incluso guiones de cine y obras de teatro. Entre sus ensayos destaca Modos de ver, libro de referencia para toda una generación de historiadores de arte. En 1972 ganó el prestigioso Booker Prize por su novela G y, durante los años ochenta, publicó la famosa trilogía De sus fatigas, en la que abordó el cambio social provocado por el tránsito de lo rural a lo urbano. Fue uno de los novelistas y ensayistas más originales y relevantes del mundo anglosajón y evidenció su compromiso con la escritura como medio de lucha política.

DESPEDIDAS

Los huéspedes más alegres han partido 
desaparecieron los verdes atavíos 
la luz sin sombra acepta de mala gana
 la escarcha en los cristales. 

Donde amantes y hierbas 
gastaron sus semillas 
en grietas de hierro 
ahora el hielo hace las camas. 

Pero no te complazcas en la pena, 
ojo de ratón del petirrojo, 
silencio reptante, 
estas cautelosas líneas, 

en sus circunloquios 
son silenciosos testigos 
de la persistente 
ocupación del hombre..

2021/11/05

ANGELA FIGUERA

 


El padre, Jesús Ángel Figuera Figuera, natural de La Habana, era catedrático de la Escuela de Ingenieros Industriales de Bilbao y se había casado con Amelia Aymerich en 1901. El matrimonio tuvo nueve hijos, de los que la poeta era la mayor. Familia acomodada, tuvieron una vida apacible. Ángela estudió en el Sacré Coeur, un colegio de monjas francesas. El padre, aficionado a la pintura, a la música y a la ópera, desde muy pronto se hizo acompañar por su hija a esas y otras actividades culturales, hasta que murió, en 1926. En un poema de 1953, lo recuerda “Mi padre era ingeniero y amaba los paisajes. / Quería capturarlos en rectángulos breves / y llevarlos consigo. / Cuando íbamos al campo o al mar, en vacaciones, / meticulosamente, sabiamente pintaba”. Ángela fue una de las primeras mujeres en conseguir el bachillerato en Bilbao. Posteriormente, estudió Filosofía y Letras, primero en Valladolid y luego en Madrid, a donde se trasladó a vivir la familia en 1930. Obtuvo cátedra de Enseñanza Media en 1933 y se casó al año siguiente con su primo, Julio Figuera. En 1932 se casa con Julio Figuera y en 1935 da a luz a un niño que muere al poco tiempo de nacer (maternidad y ternura son constantes temáticas en su obra).



Muerto al nacer


No aurora fue. Ni llanto. Ni un instante
bebió la luz. Sus ojos no tuvieron
color. Ni yo miré su boca tierna…


Ahora, ¿sabéis?, lo siento.
Debisteis dármelo. Yo hubiera debido
tenerle un breve tiempo entre mis brazos,
pues sólo para mí fue cierto, vivo…


¡Cuántas veces me habló, desde la entraña,
bulléndome gozoso entre los flancos!

Al desatarse la guerra, su esposo se alista en las milicias republicanas. Ángela, embarazada de nuevo, conocerá entonces lo que describió como “la muerte en torrentera”, primero en el Madrid asediado por los golpistas, donde nace su hijo Juan Ramón, luego en Valencia. La derrota de la República trae consigo la de sus defensores, privados de sus titulaciones académicas, empleos, bienes. Perseguidos por los vencedores, el conjunto de la familia Figuera decide trasladarse a Madrid, donde pasarán más desapercibidos y, tal vez, podrán encontrar trabajo. Mientras la situación se normaliza, Ángela y su hijo se trasladan a Soria donde, de alguna manera, la escritora reencuentra la paz, el paraíso perdido, y la realización de muchos de sus anhelos juveniles.


Todos estos son datos son esenciales para la comprensión de algunas de las constantes poéticas de Ángela Figuera. Hay que decir también que la poetisa escribía casi desde su infancia, poemas de corte modernista, imitativos según su propia definición, que rara vez han sido publicados y de los que apenas se conservan los recogidos en un cuaderno inédito.
La preocupación por el mundo femenino constituyó una de las marcas temáticas de su obra. Posteriormente, la influencia de Gabriel Celaya llevó a Ángela Figuera a la poesía social.

Ángela fallece en Madrid, en 1984. La noticia tendrá un muy escaso eco. A partir de ese momento su esposo Julio inicia una labor incansable hasta su muerte en 1994, tratando de que la obra de la poetisa no caiga en el olvido. Como resultado en parte de esa labor, en 1986, la editorial Hiperión publica la primera edición de sus Obras completas.

No quiero
que los besos se paguen
ni la sangre se venda
ni se compre la brisa
ni se alquile al aliento.
No quiero
que el trigo se queme y el pan se escatime.

No quiero
que haya frío en las casas,
que haya miedo en las calles,
que haya rabia en los ojos.

No quiero
que en los labios se encierren mentiras,
que en las arcas se encierren millones,
que en la cárcel se encierre a los buenos.

No quiero
que el labriego trabaje sin agua,
que el marino navegue sin brújula,
que en la fábrica no haya azucenas,
que en la mina no vean la aurora,
que en la escuela no ría el maestro.

No quiero
que las madres no tengan perfumes,
que las mozas no tengan amores,
que los padres no tengan tabaco,
que a los niños les pongan los Reyes
camisetas de punto y cuadernos.

No quiero
que la tierra se parta en porciones,
que en el mar se establezcan dominios,
que en el aire se agiten banderas
que en los trajes se pongan señales.

No quiero
que mi hijo desfile,
que los hijos de madre desfilen
con fusil y con muerte en el hombro;
que jamás se disparen fusiles,
que jamás se fabriquen fusiles.

No quiero
que me manden Fulano y Mengano,
que me fisgue el vecino de enfrente,
que me pongan carteles y sellos
que decreten lo que es poesía.

No quiero amar en secreto,
llorar en secreto,
cantar en secreto.

No quiero
que me tapen la boca
cuando digo NO QUIERO...

EN LA MUERTE DE MI MADRE

Ya tengo mi raíz bajo la tierra.
Un poco muerta ya contigo, madre,
hay algo de mi vida que se pudre
contigo, con tus huesos delicados,
con tus azules venas, con tu vientre
que cóncavo sufrió dándome forma.
En la ignorancia, madre, no en pecado
me hiciste tú. Como la vida brota.
Como la carne crece y se divide
en el sagrado centro de la hembra.
Pequeña y débil fuiste. Te pesaba
un hijo tras de otro en el regazo
con un humilde asombro de mirarte
continuamente llena y frutecida.
Y yo salí de ti con otra fuerza.
Con una ardiente audacia de preguntas
que tú jamás te habías formulado
cuando la vida se te daba en júbilo
o te acosaba en duro sufrimiento.
Que no estaban siquiera en la terrible
angustia suplicante de tus ojos
que sólo me pedían una tregua,
un imposible alivio
a ese dolor, a ese infinito miedo
de bestezuela en cepo sin huida
con que la muerte, madre, te llegaba.
Yo te veía ir. Sin retenerte.
Sin ayudarte. Nadie puede hacerlo
en esa hora. Todos vamos solos
a nuestra propia destrucción. No pude,
no pude acompañarte, madre mía.
Poner seguridad en tu camino
ni sonreírte desde el otro lado
de la pesada puerta silenciosa
que un día se nos abre bruscamente
siempre hacia afuera, nunca hacia el retorno.
Y tuve que soltar, fría, indefensa,
tu mano que a la mía se acogía
mendiga de un calor y una esperanza
que habían desertado de tu sangre.
Yo sé que confiabas, suponiendo
en mí una vaga omnipotencia, un algo
capaz de sostenerte. Y yo tan sólo
sentía una blandísima ternura,
una tremenda compasión inútil
por tu absoluto, enorme desamparo.
Y nada pude hacer. Ni tan siquiera
quedarme junto a ti. Te me pusiste
horriblemente lejos. Separada.
Ajena. Casi hostil en tu misterio.
Indescifrable en tu quietud. Ahora
eso de mí que estaba en tus entrañas,
que fue principio mío y persistía en
tu secreta intimidad, se pudre
contigo —mi raíz— o acaso vive
como un tallo profundo, recatado,
en tierra que tú abonas aguardándome.