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2020/04/20

Byung-Chul Han: vamos hacia un feudalismo digital y el modelo chino podría imponerse


Que la pandemia tendrá consecuencias que transformarán al conjunto de la sociedad en una zona de seguridad, en una cuarentena permanente en la que cada uno será tratado como un potencial portador del virus. Europa y Estados Unidos están perdiendo todo su esplendor en medio de la pandemia. Van a los tumbos. Parece que son incapaces de controlar la epidemia. En Asia, lugares como Taiwán, Hong Kong, Singapur, Corea del Sur o Japón supieron controlarla con relativa rapidez. ¿A qué se debe esto? ¿Qué ventajas sistémicas evidencian los países asiáticos? En Europa y en Estados Unidos el virus se encuentra con una sociedad liberal en la que se propaga sin esfuerzo. ¿Acaso el liberalismo tiene la culpa del fracaso europeo? ¿Será que el virus se siente a gusto en el sistema liberal?
Pronto se impondrá la idea de que la lucha contra la pandemia indica actuar a pequeña escala, es decir, poniendo el foco en la persona, el individuo. Pero el liberalismo no permite fácilmente un procedimiento de este tipo. Una sociedad liberal se compone de individuos con libertad de acción que no autorizan la injerencia estatal. La sola protección de datos impide la vigilancia a pequeña escala de las personas. La sociedad liberal no contempla la posibilidad de hacer de las personas, individualmente, el objeto de la vigilancia, por eso no le queda más remedio que el shutdown, con consecuencias económicas masivas. Occidente llegará pronto a una conclusión fatal: que lo único capaz de evitar el cierre total es una biopolítica que permita tener acceso ilimitado al individuo. Occidente concluirá que la protegida esfera privada es justamente lo que ofrece refugio al virus. Pero reconocer esto significa el fin del liberalismo.
Los asiáticos están combatiendo el virus con un rigor y una disciplina que para los europeos resulta inconcebible. La vigilancia se centra en cada persona en forma individual, y esto constituye la principal diferencia con la estrategia europea. Los rigurosos procedimientos asiáticos recuerdan a aquellas medidas disciplinarias adoptadas en la Europa del siglo XVII para combatir la epidemia de la peste. Michel Foucault las describió de manera impactante en su análisis de la sociedad disciplinaria. Las casas se cierran por fuera y las llaves se entregan a las autoridades. Se condena a muerte a quienes violan la cuarentena. Se mata a los animales que andan sueltos. La vigilancia es total. Se exige obediencia incondicional. Se vigila cada casa en forma individual. Durante los controles, todos los habitantes de una casa deben asomarse por las ventanas. A quienes viven en casas que dan a patios traseros se les asigna una ventana al frente por la cual asomarse. Llaman a cada persona por su nombre y le preguntan por su estado de salud. Quien miente se expone a la pena de muerte. Se establece un sistema de registro total. El espacio se vuelve una red anquilosada de células impermeables. Cada quien está atado a su lugar. Cualquiera que se mueva pone en riesgo su vida.
En el siglo XVII Europa devino en una sociedad disciplinaria. El poder biopolítico penetra hasta en los más mínimos detalles de la vida. Toda la sociedad se transforma en un panóptico, es atravesada por la mirada panóptica. El recuerdo de esas medidas disciplinarias se ha desvanecido por completo en Europa. En realidad, eran medidas mucho más rigurosas que las que toma China ante esta pandemia. Pero se podría decir que la Europa de los siglos XVII y XVIII es la China actual. Entretanto, China ha creado una sociedad disciplinaria digital con un sistema de crédito social que permite una vigilancia biopolítica y un control sin fisuras de la población. Ni un solo momento de la vida cotidiana escapa a la observación. Se monitorea cada clic, cada compra, cada contacto, cada actividad en las redes sociales. Se utilizan 200 millones de cámaras de vigilancia con reconocimiento facial. Quien cruza un semáforo en rojo, tiene contacto con personas opositoras al régimen o publica comentarios críticos en las redes sociales vive en peligro. Quienes, en cambio, compran comida sana o leen los periódicos oficialistas, son recompensados con créditos baratos, seguros de salud o visas de viaje. En China esta vigilancia total es posible porque no existe restricción alguna al intercambio de datos entre los proveedores de internet y de telefonía móvil y las autoridades. Así que el Estado sabe dónde estoy, con quién me encuentro, qué estoy haciendo en este momento, qué ando buscando, en qué pienso, qué compro, qué como. Es muy probable que en el futuro el Estado también controle la temperatura corporal, el peso, los niveles de azúcar en sangre, etc.
En la lucha contra el virus, el individuo es vigilado individualmente. Una aplicación le asigna a cada persona un código QR que indica con colores su estado de salud. El color rojo indica una cuarentena de dos semanas. Solo pueden moverse libremente quienes puedan mostrar un código verde. No es solo China, otros países asiáticos también implementan la vigilancia individual. Para detectar personas potencialmente infectadas se cruzan los más diversos datos. El gobierno de Corea del Sur está considerando incluso la posibilidad de obligar a las personas que entran en cuarentena a llevar un brazalete digital que permita controlarlas las 24 horas del día. Hasta ahora ese método de vigilancia estaba reservado para quienes habían cometido delitos sexuales. De modo que, frente a la pandemia, cada individuo es tratado como un criminal en potencia.

El feudalismo digital
El modelo asiático para combatir el virus no es compatible con el liberalismo occidental. La pandemia pone en evidencia la diferencia cultural entre Asia y Europa. En Asia sigue imperando una sociedad disciplinaria, un colectivismo con fuerte tendencia al disciplinamiento. Se aplican sin más medidas disciplinarias radicales que encontrarían fuerte rechazo por parte de los europeos. No se las percibe como restricción de los derechos individuales sino como cumplimiento de deberes colectivos. Países como China y Singapur tienen un régimen autocrático. Hasta hace pocas décadas también en Corea del Sur y Taiwán prevalecían condiciones autocráticas. Los regímenes autoritarios hacen de las personas sujetos disciplinarios, las educan para la obediencia. Y Asia está marcada por el confucianismo, que dicta la obediencia incondicional a la autoridad. Todas estas peculiaridades asiáticas resultan ventajas sistémicas para contener la epidemia. ¿Será que la sociedad disciplinaria asiática terminará imponiéndose a escala global a la luz de la pandemia?
Ni siquiera es necesario remitirse a Asia para señalar el peligro que la pandemia representa para el liberalismo occidental. La vigilancia panóptica no es un fenómeno exclusivamente asiático. Ya estamos viviendo en un panóptico digital global. Las redes sociales también se parecen cada vez más a un panóptico que vigila y explota sin piedad a los usuarios. Nos exponemos voluntariamente. No entregamos nuestros datos por la fuerza sino por necesidad interior. Constantemente se nos incita a compartir nuestras opiniones, preferencias y necesidades, a comunicarnos y a contar nuestras vidas. Después, los datos son analizados por plataformas digitales dedicadas al pronóstico y a la manipulación de comportamientos, y explotados comercialmente sin tregua ni cuartel.
Vivimos en un feudalismo digital. Los señores feudales digitales como Facebook nos dan la tierra y dicen: ustedes la reciben gratis, ahora árenla. ¡Y la aramos a lo loco! Al final, vienen los señores y se llevan la cosecha. Así es como se explota y vigila la totalidad de la comunicación. Es un sistema extremadamente eficiente. No existe la protesta porque vivimos en un sistema que explota la libertad en sí misma.

El capitalismo en su conjunto se está transformando en un capitalismo de vigilancia. Plataformas como Google, Facebook o Amazon nos vigilan y manipulan, con el propósito de maximizar sus ganancias. Se registra y analiza cada clic. Somos dirigidos como marionetas por hilos algorítmicos. Pero nos sentimos libres. Asistimos a una dialéctica de la libertad, que la vuelve servidumbre. ¿Esto todavía es liberalismo?
La pregunta que nos deberíamos hacer es: ¿por qué toda esta vigilancia digital, que está teniendo lugar de todas formas, debería detenerse ante el virus? Es probable que la pandemia haga caer ese umbral de inhibición que venía impidiendo que la vigilancia se extendiera biopolíticamente al individuo. La pandemia nos lleva hacia un régimen de vigilancia biopolítica. No solo nuestras comunicaciones, también nuestro cuerpo, nuestro estado de salud, se está convirtiendo en objeto de vigilancia digital. La sociedad de la vigilancia digital está experimentando una expansión biopolítica.

Según Naomi Klein, autora de No Logo, el shock es un momento oportuno para instalar un nuevo sistema de dominación. El shock pandémico hará que se imponga a nivel global una biopolítica digital que se apodere de nuestro cuerpo con su sistema de control y vigilancia, una sociedad disciplinaria biopolítica que vigile permanentemente hasta nuestro estado de salud. Tampoco descartemos que vayamos a sentirnos libres en ese régimen de vigilancia biopolítica. De hecho vamos a pensar que todas estas medidas de vigilancia son en pos de nuestra propia salud. La dominación se completa en el momento en que coincide con la libertad. En medio de la conmoción causada por la pandemia, ¿se verá Occidente obligado a abandonar sus principios liberales? ¿Corremos el riesgo de volvernos una sociedad de cuarentena biopolítica que restrinja de manera permanente nuestra libertad ? ¿Es China el futuro de Europa?

Byung-Chul Han, filósofo de origen surcoreano y docente en Berlín, ha sido casi integralmente traducido al castellano. Es autor de ensayos breves como "La agonía del eros", "Enjambre", "La sociedad del cansancio" y "Topología de la violencia". Traducción del alemán: Carla Imbrogno.

2020/04/02

Zein da zure teoria?.Cual es tu teoria)


Gerran gaude?. ¿Estamos en guerra?

Interesgarria da ikustea zenbat dakigun gertaera bakoitza defentsa- eta menderatze-prisma baten bidez kontsideratzen.
Bizitzaren legearen parte den fenomeno baten aurrean gaude. Sorkuntza prozesuetan zein suntsipen prozesuetan agertzen da. Gaixotasuna bizitzaren parte da zentzu biologikoan, endekapena eta heriotza bezala. Ez dago etsairik giza adimenik edo min egiteko asmorik ez dagoenean. Mehatxu egiten digun eta proban jartzen gaituen fenomeno biologikoa da, baina ez da gerra bat.
Gaixotasuna gerra terminoetan pentsatzea, arrunta dena, bizitzaren esentzia gaizki interpretatzea da. Ez du laguntzen nola funtzionatzen duen imajinatzen edo ulertzen. Hemen kontua ez da kontaktura joatea, boxeolari arin batek bezala saihestea baizik, kolpeak itzultzeari uko egingo liokeena.
Hau enegarren aukera bat da konturatzeko gizakia ez dela planeta honetako indar bakarra eta zenbat aldiz egin behar dien lekua besteei.
Salbuespenez, alde batera bultzatzera behartuta gaude, lekua uztera.
Ez da gerra bat, hezkuntza bat da, umiltasuna, harremana eta elkartasuna.

Es interesante ver cuánto solo sabemos considerar cada evento a través de un prisma de defensa y dominación.
Estamos ante un fenómeno que forma parte de la ley de la vida, que se manifiesta tanto en procesos de creación como de destrucción. La enfermedad es parte de la vida en el sentido biológico, como la degeneración y la muerte. No hay enemigo cuando no hay inteligencia humana o intención de hacer daño. Es un fenómeno biológico que nos amenaza y nos pone a prueba, pero no es una guerra.
Pensar la enfermedad en términos de guerra, lo que es común, es malinterpretar la esencia de la vida. No nos ayuda a imaginar o a entender cómo funciona. Aquí no se trata de ir al contacto, sino de esquivarlo como un ágil boxeador, que se negaría en devolver los golpes.
Esta es una enésima oportunidad para darse cuenta de que el humano no es la única fuerza de este planeta y que debe - oh cuánto-a veces hacer espacio a los demás.
Excepcionalmente nos vemos obligados a empujarnos de lado, a dejar espacio.
No es una guerra, es una educación, la humildad, la interrelación y la solidaridad

Coronabirusaren azalpena. Porque es peligroso el coronavirus


CORONABIRUSA- DEDICADO A ALGUIEN QUE HAYA PERDIDO UN SER QUERIDO



Heriotza bizitzaren atala da
La muerte es una parte de la vida

Ulises eta hilezkortasuna: Calipsok hilezkortasuna eskaini zion Ulisesi. Ulisesek uko egin zion eskaintzari, nahiago zuen Itakara itzuli, Peneloperekin itzuli, bizitzaren aldeko apustua. egin.
Ulises y la inmortalidad: Calipso ofreció la inmortalidad a Ulises. Ulises rechazó la oferta, prefería volver a Itaca, a casa, volver con Penélope, aposto por la vida.
Zer gertatzen da ezin dugunean agurtu joan zaigunhurbileko bat?
¿Que pasa cuando no podemos despedir a alguien cercano que se ha muerto?
HONRAR, PAUSAR, SENTIR
La muerte es siempre una interrupción. A pesar de ser la última piedra del camino, a pesar de que sabemos que llegará antes o después, su venida nos corta, nos rompe, nos detiene. Incluso cuando la enfermedad ha sido larga y el alivio del final es una ambivalencia inevitable, la muerte de un ser querido nos interrumpe el amor. No nos deja seguir amando de la misma manera, quizá en forma de rutinas, de una relación que tenía sus más y sus menos, como todas, pero que en mayor o menor medida se apoyaba en el vínculo. El duelo, la despedida, los funerales, los pésames, la liturgia en general nos da un respiro en esa abrupta interrupción. Con las llamadas de los amigos y familiares que nos hacen volver a abrir el grifo temporalmente cerrado del llanto, vamos depositando lo que, a veces en vida, estaba revoloteando alrededor de la relación sin posibilidad de concreción.Entonces caemos en la cuenta de lo que significaba para mí esta persona, de lo que se lleva de mí cuando se va, y es precisamente ese reconocimiento, esa honra, la que es posible cuando compartimos. Si, como en estas circunstancias, no podemos hacerlo arropados por el grupo numeroso que le conoció, que conocía nuestra relación en vida, tendremos que encontrar el momento para hacerlo como podamos. Pero hacerlo. Quizá tengamos que pausar los abrazos, quizá pausar el tiempo juntos para recordar, pero solo pausar. Necesitaremos hacerlo más adelante y recuperar el ritual, el memorial, cuando nos volvamos a juntar. Mientras tanto, si lo necesitamos, hablar, hablar y hablar de quién fue para mí, quién sigue siendo, aunque ya no esté; pero también el aislamiento emocional para despedirme a mi manera, recordando en un homenaje privado. Llorar con quien sienta cerca, bien sea por teléfono o por videollamada, y despedirme, también a solas, sin miedo a aislarnos un rato dentro del aislamiento.No poder despedirse en persona es un acto que va contra nuestra naturaleza, contra la naturaleza del vínculo en vida, y será difícil de asumir y colocar, pero la relación permanece en la cabeza y en el corazón, y es esa la que honrar. El dolor es el resultado de haber amado.



Heriotzaren presentziak
bizitzaren 
edertasuna goraipatzen du

El tener presente la muerte

realza  la belleza de la vida

 Baserriko lorak





2020/03/23

Hobbesen itzulera

Hobbesen itzulera?


Gizakiak nahiago du estatuak segurtasuna ematea askatasuna baino, Thomas Hobbesen arabera.. Heriotzari pertsonak dioten beldurra da babes hori bilatzeko motorra. XVII. mendeko pentsalari ingeles honek planteatzen zuen gizakia dela bere eskubideak estatuari laga behar dizkiona, nahiz eta agintea bidegabea izan. Estatuak indartsua eta zatiketarik gabea izan behar du. Aurrean, beren pasioei eusten uzten dieten eta behar besteko erantzukizunik ez duten gizabanakoak daude, kaosera eramaten gaituztenak. Hobbesentzat berdintasun eta askatasunerako eskubidea gaitz guztien kausa dira.


Koronabirusarekin gure garaietan inoiz pentsatutako eszenatoki berria bizitzen ari gara. Etxean konfinatuta gaude. Guztion onerako. Ados nago. Halaber, batzuen ustez horrek gure kontsumismoagatik planetari eragiten dizkiogun gaitzez jabetuko gaituela. Kezkatzen nauena lege berezi horien ondorioz ematen ari diren hainbat zantzu dira. Alde batetik, bizilagun batzuek erakusten duten haserre bizia, jasotzen ari garen aginduak betetzen omen ez dituen jendearekin, adibidez auzokide batek beste auzoki bat salatzea eskileretan gora eta behera dabiltzalako. Beste kezka bat da komunikabideen  eta sare sozialetatik iristen den "informazioa"rekiko menpetasuna. Horri gorputz polizial eta militarren protagonismo ikusgarria gehitu behar zaio, bitxia bada ere, askotan zibilek egin litzaketen funtzioak egiten baitituzte (aireportuaren garbiketa, material banaketa...) zer pentzatzeko ematen dit. Gaixotasun ezezagun batekin, agertoki ezezagun batekin eta etorkizun zalantzagarri batekin topo egin dugu. Hobbesen itzulera?

Vuelta a Hobbes?

El ser humano prefiere que el estado le de seguridad que libertad, afirmaba Hobbes. El miedo a la muerte es el motor para la búsqueda de esta protección. Hobbes, una de los teóricos de pensamiento político mas influyentes, plantea que es ser humano debe ceder sus derechos al estado, aunque este sea injusto. El estado debe ser fuerte y sin divisiones. Enfrente están los individuos que se dejan llevar por sus pasiones y no tienen la suficiente responsabilidad, llevándonos al caos. Para Hobbes el derecho a la igualdad y libertad son la causa de todos los males. Hobbes se considera el padre del liberalismo político. Con el coronavirus estamos viviendo un escenario jamas pensado en nuestros tiempos. Estamos confinados en casa. Por el bien de todos. Hasta hay de acuerdo. Ademas, algunos piensan que esto nos hará tomar conciencia de los males que le causamos al planeta por nuestro consumismo desbocado. Lo que me empieza a preocupar son una serie de indicios que se están dando a causa de estas leyes especiales. Por una parte es la ira que muestran algunos vecinos con la gente que, a su entender, no cumple las ordenes que estamos recibiendo, por ejemplo un vecino a denunciado a otro del mismo portal por estar subiendo y bajando varias veces por las escaleras. Por otra parte es la dependencia de los medios de comunicación y la "información" que llega desde las redes sociales. A esto hace falta añadir el espectacular protagonismo de los cuerpos policiales y militares, que, curiosamente, se dedican a realizar funciones que podrían realizar civiles ( limpieza del aeropuerto, distribución de material...). Nos encontramos con una enfermedad desconocida, un escenario desconocido y un futuro incierto. Volverá Hobbes?