Fue una psiquiatra y escritora suizo-estadounidense, una de las mayores expertas mundiales en la muerte, las personas moribundas y los cuidados paliativos. Faces que ella descubrio:
1. Negación
«Me siento bien», «esto no me puede estar
pasando, no a mí».
Es solamente una defensa temporal para el individuo. Se vive con incredulidad la noticia. Este sentimiento es generalmente reemplazado con una sensibilidad aumentada de las situaciones e individuos que son dejados atrás después de la muerte.
2. Ira
«¿Por qué a mí? ¡No es justo!»,
«¿cómo me puede estar pasando esto a mí?».
Una vez en la segunda etapa, el individuo reconoce que la negación no puede continuar. Debido a la ira, esta persona es difícil de ser cuidada. Emergen sentimientos de ira y envidia. Cualquier individuo que simboliza vida o energía es sujeto a ser proyectado resentimiento y envidia.
3. Negociación
«Dios, déjame vivir al menos para ver a mis hijos graduarse»,
«haré cualquier cosa por un par de años más».
La tercera etapa involucra la esperanza de que el individuo puede de alguna manera posponer o retrasar la muerte. Usualmente, la negociación por una vida extendida es realizada con un poder superior a cambio de una forma de vida reformada. Psicológicamente, la persona está diciendo: «Entiendo que voy a morir, pero si solamente pudiera tener más tiempo...».
4. Depresión
«Estoy tan triste, ¿por qué hacer algo?»;
«voy a morir, ¿qué sentido tiene?»;
«extraño a mis seres queridos, ¿por qué seguir?»
Durante la cuarta etapa, la persona que está muriendo empieza a entender la certza de la muerte. Debido a esto, el individuo puede volverse silencioso, rechazar visitas y pasar mucho tiempo llorando y lamentándose. Este proceso permite a la persona moribunda desconectarse de todo sentimiento de amor y cariño. No es recomendable intentar alegrar a una persona que está en esta etapa. Es un momento importante que debe ser procesado.
5. Aceptación
«Esto tiene que pasar, no hay solución, no puedo luchar contra la realidad, debería prepararme para esto».
Me da la sensación de que muchas veces en nuestra sociedad europea nuestra relación con la muerte está siempre en fase de negación: se oculta, no se habla del tema, nos incomoda, preferimos no pensar en ello.
POEMA
Caronte: yo seré un escándalo en tu barca.
Mientras las otras sombras recen, giman o lloren,
Y bajo tus miradas de siniestro patriarca
Las tímidas y tristes, en bajo acento, oren,
Yo iré como una alondra cantando por el río
Y llevaré a tu barca mi perfume salvaje,
E irradiaré en las ondas del arroyo sombrío
Como una azul linterna que alumbrara en el viaje.
Por más que tú no quieras, por más guiños siniestros
Que me hagan tus dos ojos, en el terror maestros,
Caronte, yo en tu barca seré como un escándalo.
Y extenuada de sombra, de valor y de frío,
Cuando quieras dejarme a la orilla del río
Me bajarán tus brazos cual conquista de vándalo.
Rebelde,
Juana de Ibarbourou.
JOAN DIDION
…En ese momento: ¿seré capaz de saludar a la gente, seré capaz de salir a escena, seré capaz siquiera de vestirme ese día? No tenemos forma de saber que el problema no será ese. No
tenemos forma de saber que el funeral en sí será anodino, una especie de regresión narcótica en la cual nos veremos envueltos en el cariño de los demás y en la gravedad y el sentido de la ocasión. Ni tampoco podemos conocer por anticipado (y aquí reside la diferencia esencial entre el dolor por la muerte de un ser querido tal como nos lo imaginamos y tal como es en realidad) la ausencia interminable que vendrá después, el vacío, que es justamente lo contrario del sentido, la sucesión implacable de momentos durante los cuales afrontaremos la experiencia del sinsentido mismo.
Las señales visibles del duelo nos remiten a la muerte, lo cual se interpreta como algo antinatural, como una incapacidad para lidiar con la situación. «Te falta una sola persona y ya ves el mundo vacío. Pero ya no tienes derecho a decirlo en voz alta.
...Cuando lloramos a nuestros seres queridos también nos estamos llorando a nosotros mismos, para bien o para mal. A quienes éramos. A quienes ya no somos. Y a quienes no seremos definitivamente un día.

1922 Emily Post, capítulo XXIV, «Funerales», que lleva al lector desde el momento dela muerte («Nada más ocurrir la muerte, la enfermera suele cerrar las cortinasde la alcoba del muerto y manda a una criada a cerrar el resto de cortinas dela casa») hasta las instrucciones para sentar a los asistentes al funeral: «Hayque entrar en la iglesia en el mayor silencio posible y, como en los funeralesno hay ujieres, sentarse en el sitio trasera donde no llame mucho la atención, amenos que el funeral sea muy pequeño y la iglesia grande, en cuyo caso uno se puede sentar en el último asiento del pasillo central, hacia el fondo». Este nivel de detalles tan concretos se mantiene todo el tiempo. El énfasis está siempre en lo práctico. A la persona que está sufriendo el duelo hay que animarla a que «sesiente en una sala soleada», preferiblemente con la chimenea encendida. Se le puede traer comida, «pero muy poca», en una bandeja: té, café, caldo, una tostada fina o un huevo escalfado. Leche, pero solo caliente: «La leche fría sienta mal a quien ya tiene frío». En cuanto a otros alimentos, «la cocinera
puede sugerir algo que le suela gustar, pero hay que ofrecer muy poca comida cada vez, porque aunque el estómago pueda estar vacío, el paladar rechaza la idea de la comida, y la digestión nunca funciona muy bien». A la persona que está de duelo se le aconseja que no gaste demasiado dinero para adaptarse a la vestimenta de luto: la mayoría de las prendas que ya tenga, incluyendo los zapatos de piel y los sombreros depaja, «se pueden teñir sin problema». Los gastos del funeral se tienen que calcular de antemano. Durante el funeral hay que poner a una amistad a cargo de la casa. Esa amistad se encargará de que la casa se ventile, de que los muebles desplazados se devuelvan a su sitio y de que la chimenea esté encendida cuando la familia regrese. «También está bien preparar un poco de té o caldo caliente —aconseja la señora Post—, y hay que llevárselo a su regreso sin preguntarles si lo quieren. La gente que sufre una pena muy grande no quiere comida, pero si se la das, la acepta de forma mecánica, y lo que más falta le hace es algo caliente para empezar la digestión y estimular la circulación maltrecha.»La señora Post lo habría entendido. Ella escribía en un mundo en el que el duelo seguía siendo algo reconocido y permitido y no se escondía. PhilippeAriès, en una serie de conferencias que impartió en la Johns Hopkins en 1973 y que después se publicaron con el título.
Historia de la muerte en Occidente desde la Edad Media hasta nuestros días, señalaba que a partir de 1930 se había producido en la mayoría de los países de Occidente, y sobre todo en Estados Unidos, un cambio revolucionario en las actitudes de aceptación de la muerte. «La muerte —escribía—, que en el pasado había sido algo familiar puesto que estaba en todas partes, fue borrada y desapareció. Se volvió algo vergonzoso y prohibido.»
El antropólogo social inglés Geoffrey Gorer, en su texto de 1965 Death, Grief, and Mourning,
decía que este rechazo del duelo en público era resultado de la presión cada vez mayor que imponía el nuevo «deber ético de divertirse», un nuevo «imperativo de no hacer nada que pudiera reducir la diversión de los demás». Tanto en Inglaterra como en Estados Unidos,comentaba, la tendencia contemporánea consistía en «tratar el duelo como un capricho morboso que uno se permitía y en conceder admiración social a aquellos parientes del difunto que escondían tan plenamente su dolor que nadie podría adivinar lo que les había pasado».
Una forma de ocultarse que tiene el dolor por la muerte de un ser querido deriva del hecho de que la muerte ahora casi siempre tiene lugar lejos de la atención pública. En la tradición anterior, sobre la cual escribía la señora Post, el acto de morir todavía no se había profesionalizado.
Sé por qué intentamos mantener con vida a los muertos: intentamos mantenerlos con vida para tenerlos con nosotros. JUANA LA LOCA. También sé que si queremos seguir vivos llega un momento en que tenemos que dejar ir a los muertos, dejarlos ir, dejarlos muertos...
W. B. YEATS
Ez izurik ez itxaropenik ez du
Hilzorian dagoen animaliak;
Gizona heriotzaren zain
izuturik dago, eta itxaropenez betea;
Sarritan hil zen,
Sarritan zutitu zen.
Gizon handi batek, harrotasunez,
Gizon hiltzaileei aurre eginez
Irrigarri bihurtzen du
Arnasaren ezabatzea
Ondo ezagutzen baitu hark heriotza
Heriotza gizonak sortu du.
Ni miedo ni esperanza
acompañan al animal que muere;
el hombre aguarda su final
temiendo y esperando todo;
muchas veces murió,
muchas se levantó de nuevo.
Un gran hombre con su orgullo
al enfrentar asesinos
hunde en el escarnio
la cesación del aliento.
Él conoce la muerte a fondo —
el hombre creó la muerte.